Usar y Reusar

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Hola familia!

Hace unos meses descubrí una página que me encantó, con una persona maravillosa que está detrás y le propuse una entrevista, la cual me ha emocionado bastante leer.

En muchísimas ocasiones perdemos la conciencia en cosas que tenemos tan interiorizadas que pasamos por alto cosas que no deberíamos. Si nos parasemos a pensar la cantidad de plástico que utilizamos al cabo de día, de cómo nos estamos volviendo tan vagos y perezosos que hasta venden mandarinas peladas envasadas en plástico. En serio, ¿tanto cuesta pelar una mandarina?

Y el caso es que si cada vez existen más productos así es porque el cliente lo demanda.

Así que esta entrevista creo que os ayudará bastante desde un punto personal a tener a parte de una cociencia, a reducir e intentar evitar el plástico en cosas que forman parte de nuestrás costumbres diarias.

Me parece un regalo ideal para poder hacer de cara a esta Navidad, y un kit precioso e imprescindible que cada una deberíamos de llevar en el bolso.

Y ahora sí, os dejo la entrevista, estoy segura de que os va a enganchar,

Cosas que nos ayudan a cuidar el planeta y cómo podemos contribuir de manera sencilla

Siempre nos hablan de tres "erres", reducir, reutilizar y reciclar, pero actualmente tenemos que ir mucho más allá. Podemos seguir hablando de "erres" pero empezar por la de Reflexionar. Si antes de cada acto de consumo pensamos en todo lo que hay detrás de ese producto o servicio, e intentamos cuestionar lo que nos hemos acostumbrado a dar por hecho, entonces tenemos gran parte del camino ganado.

Es decir: ¿cómo fue obtenido ese producto o sus materias primas? ¿En qué condiciones fue producido? ¿De dónde viene? ¿De cerca o de muy lejos? ¿Cuánto tiempo lo voy a utilizar? ¿Qué será de él cuando tenga que descartarlo? ¿Podré darle una segunda vida? ¿Acabará en un vertedero o puede ser reciclado? ¿Realmente lo necesito, o puedo cubrir esa necesidad con algo que ya tengo? ¿O tal vez puedo pedirlo prestado? ¿O comprarlo de segunda mano?

Y sí, a veces es difícil tener una respuesta, sobre todo a las primeras preguntas, las que se refieren al origen. Pero te dejo otra pista: si es muy difícil saber de dónde viene algo y cómo fue hecho, seguramente es porque la elección, ya de entrada, no es la más correcta. Escoge pequeñas tiendas de proximidad, de tu barrio, y probablemente podrán darte muchas más respuestas que en los grandes comercios.

¿Por qué empezaste?

Siempre he intentado ser una persona muy respetuosa con el entorno, pero en Caracas, donde nací, no reinaba precisamente la conciencia ambiental. Venir a Barcelona significó un cambio de hábitos: había que ahorrar luz, aunque sólo fuera por economía. Adopté una bici desde la llegada, cuando venía de una ciudad en la que el coche es rey. Y desde luego, con los contenedores de reciclaje frente a la puerta, empecé a hacer uso de ellos tan pronto como aterricé (en Caracas reciclar no era -y no es- algo accesible).

Luego, cuando me hice madre, me empecé a preocuparme mucho por la alimentación de la familia y empecé a incorporar alimentos ecológicos. Pero pronto me di cuenta de que había perdido de vista al medio ambiente. Por ejemplo, utilizando muchos productos exóticos que, aunque fueran ecológicos, habían atravesado medio planeta para llegar a mi mesa.

Entonces fue un tercer momento de inflexión. Comencé a cuidar de nosotros de forma, digamos, más indirecta. Con el planeta como centro. Si tienes esa meta, no hay lugar a equivocarte. Es tu casa, así que también estás cuidando a los tuyos. 

¿Por qué crees que las personas debemos concienciarnos y empezar a utilizar productos reutilizables en lugar de desechables?

En unas pocas décadas y prácticamente una generación, nos convertimos en una sociedad adicta al usar y tirar. A mediados del siglo pasado se comenzaron a popularizar los productos desechables, que nos vendieron (o vendieron a nuestras madres y abuelas) como un liberación: olvídate de lavar platos después de una fiesta, de cargar con la botella de refrescos de nuevo a la tienda para rellenarla, de lavar compresas femeninas o pañales.

Evoco el mensaje de una frase que he leído por ahí, en uno de esas imágenes virales de las redes sociales: para hacer una cucharita de plástico se ha extraído hidrocarburos en algún lugar del planeta (seguramente causando estragos en un espacio natural), se ha trasladado esa materia prima para procesarla y convertirla en plástico. Seguramente ha pasado por más de una fábrica hasta tener forma de cucharita. Es decir, se ha consumido energía para procesarla y para transportarla de un lado a otro. Más materiales para empaquetarla. Y volver a trasladarla hasta que ha llegado a tus manos. Pero nosotros la usamos durante un segundo para remover un café o tomar un postre y luego la tiramos a la basura, "para ahorrarnos el esfuerzo de lavarla".

Hay algo enfermo en esto. Es un síntoma de que no estamos entendiendo lo que pasa. No hablemos de que esa cucharita de plástico no será reciclada seguramente, sino que permanecerá, aunque a trozos, intacta durante una infinidad de años. Tal vez formando parte de una isla de basura en medio del océano. Como la inmensa mayoría de productos desechables que hayamos usado a lo largo de nuestras vidas.

¿Ves un futuro sin plástico?

Bueno, cuesta verlo hoy en día, porque nos hemos convertido en una sociedad dependiente del plástico. Yo me conformo con soñar con una sociedad en la que el plástico de usar y tirar forme parte del pasado, y en que la tecnología nos permita un mejor reaprovechamiento de todo el plástico que ya hemos generado y que está contaminando de forma atroz nuestro planeta.

¿Por qué empezaste esta iniciativa?

Todo empezó en 2013. Ya había sumado bastantes cambios en mi vida, a los que me costó muy poco llegar porque entonces había mucha menos información accesible en la red. Así que pensé que hacía falta un espacio en el que se hablara de vida sostenible de forma práctica, accesible y en primera personal (¡ahora, por fortuna, hay montones!). Aunque me quedaba (y confío en que me quede siempre) mucho por aprender, sabía que los pasos ya recorridos podrían ayudar a otros en su viaje hacia una vida más sostenible.

Y nació La Ecocosmopolita.

Tres años después, con una comunidad sólida alrededor del blog, mucho más aprendido y cierto reconocimiento de mi trabajo, decidí que era la hora de emprender. Me asocié con Tere Castillo, una vieja amiga -como de la familia- y comenzamos a trabajar en Usar y Reusar, un nuevo proyecto que nos permite, no sólo crear conciencia sobre el problema de los residuos, sino también poner al alcance de nuestros lectores productos que pueden ponerles más fácil implantar cambios en sus vidas.

Desde luego, también es una apuesta por hacer rentable un proyecto en el que hay muchísimo esfuerzo invertido y por trabajar por un objetivo alineada al 100% con nuestros ideales, y que es capaz de ayudar a impulsar cambios positivos en nuestro entorno.

¿Cómo crees que podemos educar a nuestros hijos para este cambio?

Creo que en la educación lo más importante -siempre- es dar ejemplo. Si nuestros hijos ven que somos coherentes con lo que les pedimos, todo será más fácil. Así como no podemos enseñarlos a comer verduras si somos más de croquetas y patatas fritas, no podemos pedirles que sean respetuosos con el medio ambiente si nosotros vamos generando basura sin criterio, comprando por comprar y usando el aire acondicionado sin reparo.

Ahora, por más que les demos buenas referencias, les proporcionemos información y tengamos ciertas reglas claras en casa, creo que también tenemos que tener la inteligencia de ser flexibles. Es lo que aplico yo en casa, y mucho más ahora que tengo una hija entrando en la preadolescencia y en plena rebeldía. Aunque hay ciertos límites claros que no traspasamos, intento evitar enfrentarme a ella por cosas que no son trascendentes. O le dejo la opción de hacer elecciones personales (como de comprar ciertas cosas con su propio dinero) pero, si hace falta, le expreso claramente por qué no estoy de acuerdo con ella y por qué pienso que esa elección no es responsable.

Por otra parte, yo me he puesto el objetivo de no comprar nada que venga envasado en plástico (salvo que sea 100% necesario y no haya otra opción) y ellas saben que en eso soy inflexible. Pero digamos que queda claro que es un reto personal, y no me meto si la abuela les compra un paquete de galletas, por decir algo. Confío en que mi ejemplo les deje una huella positiva, y que cuando realmente puedan tomar sus propias decisiones de consumo, sepan hacer buenas elecciones.

¿Qué te parece que los alimentos bio vayan en envase de plástico?

Ufff… Es una pregunta complicada. Entiendo que para muchas empresas de alimentación es difícil y arriesgado prescindir totalmente del plástico. Como decía antes, somos una sociedad dependiente de este material. Eso sí, espero que poco a poco se vaya produciendo una transición hacia otros materiales con menos impacto ambiental y, desde luego, se vayan evitando los envoltorios innecesarios.

Claro que me duele ir a ferias de alimentación ecológica y ver que la inmensa mayoría de residuos asociados a los productos. Y no entiendo que, como consumidor, dejes de comprar Ketchup en el súper para comprar uno con sello biológico, pero en envase de plástico (y por cierto, también cargado de azúcar, por ejemplo).

Así que aquí llegamos a un tema muy importante, que es nuestro papel como consumidores. Si queremos alimentos precocidos, mayonesa con dosificador y otros productos procesados con marca bio, las empresas seguirán produciéndolos para nosotros. Hagamos uso del poder de nuestro carro de compra, y escojamos los productos que realmente tengan en cuenta al planeta. Más allá de los sellos. Que seguro que los productores seguirán la pista al mercado.

¿Cómo lo haces para que no se te olvide nada antes de salir de casa?

¿Y quíen dice que no se me olvida? jejeje.

Realmente soy despistadísima. Pero hay algo que siempre (o casi siempre) tengo en el bolso: bolsas reutilizables de tela. Grandes, tipo totebag, al menos dos. Y además, bolsas para comprar a granel, pequeñas, que sirvan para comprar frutos secos, granos, frutas, etc. Incluso para comprar un bocadillo o algo para merendar "en la ruta", si se me alarga el día y me pilla el hambre por ahí. Por eso suelo llevar también alguna servilleta de tela.

Luego, salvo que vaya a algo muy puntual cerca de casa, llevo una botella reutilizable de acero con agua.

Y según lo que vaya a hacer, también llevo mi taza de acero (en la que puedo pedir un café para llevar, una cerveza en una fiesta popular, etc). ¡Ah! y las pajitas de acero inoxidable.

Son rituales que vas incorporando y que se hacen parte de tu vida. Sin embargo, no te voy a negar que más de una vez me pillarás comprando pan en la panadería sin la bolsa de tela, etc. Eso sí, siempre intento evitar la opción de plástico a toda costa. 

Un abrazo familia... 

Hamburguesas de coliflor, patata y brócoli ... con...
Inglesina
 

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